Para Emma Wilson y Graham Carter fue amor a primera vista, es decir, con Marruecos. ¿El resultado de su romance? Dar Beida, una villa del siglo XVIII junto al mar, donde la pareja ofrece a los visitantes una original mezcla de arquitectura y diseño retro y etno-marroquí de los años sesenta.
Wilson y Carter visitaron este reino norteafricano en diferentes momentos de sus vidas, y se enamoraron de forma independiente de la exótica tierra. Así que cuando estos dos londinenses se conocieron más tarde, sólo era cuestión de tiempo que abandonaran la más fría ciudad del Norte para fijar su residencia en el soleado pueblo costero de Essaouira. Allí, los nuevos expatriados compraron una villa en ruinas de 200 años de antigüedad, Dar Beida, que dedicaron dos años a reformar para convertirla en una casa de huéspedes marroquí contemporánea. Aplicando sus conocimientos de diseño moderno (regentaban una tienda de muebles retro en Londres), al tiempo que restauraban gran parte de la estructura morisca original, rediseñaron por completo la vivienda de cuatro plantas. El resultado es una rara y perfecta mezcla de sus países de origen y de adopción: modernidad occidental y tradición árabe, con algún toque étnico africano.
N.B. Encontrará información sobre el alquiler de Dar Beida en Castles in the Sand. Fotografía de Luke White.
Arriba: En Dar Beida (que se traduce como “La Casa Blanca”), Emma y Graham evitaron un ambiente morisco apagado en favor de una sensación más mediterránea: blancos brillantes acentuados con fuertes colores primarios.
Arriba: Una habitación de invitados luce el eclecticismo característico de Emma y Graham: modernidad retro combinada con detalles tradicionales africanos. Si se siente atraído por alguno de los artículos de Dar Beida, no se preocupe. Como buena anfitriona, Emma estará encantada de llevarle de compras a la medina adyacente de Essaouria.
Arriba: En Dar Beida, el objetivo de Emma y Graham era crear un refugio para “trogloditas” modernos. Para conseguir esta sensación orgánica, de cueva, diseñaron paredes redondeadas y muchos elementos empotrados, como las chimeneas de colmena que calientan todas las habitaciones.
Arriba: Atemporal y contemporánea: vigilada por una miríada de calaveras, esta habitación ecléctica parece un Lascaux moderno.
Arriba: Situada en un patio central iluminado por el sol, la amplia bañera está flanqueada por columnas de arenisca originales, que Emma y Graham restauraron minuciosamente.
Arriba: Una jaula de pájaros marroquí aporta un toque caprichoso.
Arriba: Uno de los muchos lugares de relax de Dar Beida: una hamaca en la azotea se mece bajo el sol.
Arriba: Humor y vistas: los huéspedes pueden disfrutar de las vistas desde la terraza de la azotea mientras descansan en sillas de plástico moldeado.
Arriba: Con sus bancos empotrados y su techo de paja, este lugar de descanso a la sombra parece haber brotado del edificio.
Arriba: La habitación de invitados de la última planta con terraza privada luce un techo tradicional de madera de thuya, otro detalle original que Emma y Graham descubrieron y restauraron durante sus reformas.